Archivos de la categoría ALICIA EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS

44 Lirón cuenta un cuento con preguntas.

Lirón cuenta un cuento. Le van haciendo preguntas y él acaba contando un cuento. Las preguntas son la forma que tiene nuestra imaginación para expresarse y desarrollarse. Cada vez que la historia avanza es porque ha habido una pregunta que la ha hecho ir hacia adelante. Fíjate en Lirón. ¡Cómo improvisa! Cada vez que se te acaben las ideas de tu cuento te haces una nueva pregunta y problema solucionado.

Por el comienzo no te preocupes. Bastará con que escribas: “Había una vez … ” Y todo se pone ya en marcha. Y recuerda, cuando tu historia parezca que se para vuelves a hacer una nueva pregunta.

El Lirón abrió lentamente los ojos.
—No estaba dormido —aseguró con voz ronca y débil—.
He estado escuchando todo lo que decíais, amigos.
—¡Cuéntanos un cuento! —dijo la Liebre de Marzo.
—¡Sí, por favor! —imploró Alicia.
—Y date prisa —añadió el Sombrerero—. No vayas a dormirte otra vez antes de terminar.
—Había una vez tres hermanitas empezó apresuradamente el Lirón—, y se llamaban Elsie, Lacie y Tilie, y vivían en el fondo de un pozo…
—¿Y de qué se alimentaban? —preguntó Alicia, que siempre se interesaba mucho por todo lo que fuera comer y beber.
—Se alimentaban de melaza —contestó el Lirón, después de reflexionar unos segundos.

37 Conversaciones entre Alicia y el gato

Ya sé que sabes qué es una conversación. Si no es muy fácil adivinarlo siguiendo lo que pasa entre Alicia y el gato. Hablar es conversar. Pero fíjate cómo se escribe una conversación. Cada vez que uno de los personajes dice algo comienza un nuevo párrafo y con un guión por delante.

 

Tienes la opción de completar la conversación de Alicia y el gato o la  de inventarte una conversación diferente entre Alicia y cualquier otro animal.

–Minino de Cheshire –empezó Alicia tímidamente, pues no estaba del todo segura de si le gustaría este tratamiento: pero el Gato no hizo más que ensanchar su sonrisa, por lo que Alicia decidió que sí le gustaba–.
Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
–Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar –dijo el
Gato.
–No me importa mucho el sitio… –dijo Alicia.
–Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes –dijo el Gato.
–… siempre que llegue a alguna parte –añadió Alicia como explicación.
–¡Oh, siempre llegarás a alguna parte –aseguró el Gato–, si caminas lo suficiente!

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36 Las ventajas de ser hombre-cerdo

Seguro que no te ha pasado desapercibido el detalle que nos cuenta el libro de Alicia. Y estaba pensando que alguna ventaja ha de tener ser cerdo y a la vez hombre. Claro que necesitaría que tú me ayudases porque así en frío no se me ocurre …Hagamos una amplia lista de ventajas. Los inconvenientes ¿a quién le interesan?

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35 Así era la criatura que Alicia tenía en brazos

Seguro que te ha sorprendido cómo la Marquesa le pasa el bebé a Alicia. Si lo ha hecho así es porque sabe que su criaturita es fuerte de verdad. ¿Cómo la describirías? ¿Cómo crees que es?

 

–¡Ea! ¡Ahora puedes mecerlo un poco tú, si quieres! –dijo la Duquesa al concluir la canción, mientras le arrojaba el bebé por el aire–. Yo tengo que ir a arreglarme para jugar al croquet con la Reina.

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34 El bebé cerdo que trotó hacia el bosque

–¡Ea! ¡Ahora puedes mecerlo un poco tú, si quieres! –dijo la Duquesa al concluir la canción, mientras le arrojaba el bebé por el aire–. Yo tengo que ir a arreglarme para jugar al croquet con la Reina.
Y la Duquesa salió apresuradamente de la habitación. La cocinera le tiró una sartén en el último instante, pero no la alcanzó.
Alicia cogió al niño en brazos con cierta dificultad, pues se trataba de una criaturita de forma extraña y que forcejeaba con brazos y piernas en todas direcciones, «como una estrella de mar», pensó Alicia. El pobre pequeño resoplaba como una maquina de vapor cuando ella lo cogió, y se encogía y se estiraba con tal furia que durante los primeros minutos Alicia se las vio y deseó para evitar que se le escabullera de los brazos.
En cuanto encontró el modo de tener el niño en brazos (modo que consistió en retorcerlo en una especie de nudo, la oreja izquierda y el pie derecho bien sujetos para impedir que se deshiciera), Alicia lo sacó al aire libre. «Si no me llevo a este niño conmigo», pensó, «seguro que lo matan en un día o dos.
¿Acaso no sería un crimen dejarlo en esta casa?» Dijo estas últimas palabras en alta voz, y el pequeño le respondió con un gruñido (para entonces había dejado ya de estornudar).
–No gruñas –le riñó Alicia–. Ésa no es forma de expresarse.
El bebé volvió a gruñir, y Alicia le miró la cara con ansiedad, para ver si le pasaba algo. No había duda de que tenía una nariz muy respingona, mucho más parecida a un hocico que a una verdadera nariz. Además los ojos se le estaban poniendo demasiado pequeños para ser ojos de bebé. A Alicia no le gustaba ni pizca el aspecto que estaba tomando aquello. «A lo mejor es porque ha estado llorando», pensó, y le miró de nuevo los ojos, para ver si había alguna lágrima. No, no había lágrimas.
–Si piensas convertirte en un cerdito, cariño –dijo Alicia muy seria–, yo no querré saber nada contigo. ¡Conque ándate con cuidado!
La pobre criaturita volvió a soltar un quejido (¿o un gruñido? era imposible asegurarlo), y los dos anduvieron en silencio durante un rato.
Alicia estaba empezando a preguntarse a sí misma: «Y ahora, ¿qué voy a hacer yo con este chiquillo al volver a mi casa?», cuando el bebé soltó otro gruñido, con tanta violencia que volvió a mirarlo alarmada. Esta vez no cabía la menor duda: no era ni más ni menos que un cerdito, y a Alicia le pareció que sería absurdo seguir llevándolo en brazos.
Así pues, lo dejó en el suelo, y sintió un gran alivio al ver que echaba a trotar y se adentraba en el bosque.
«Si hubiera crecido», se dijo a sí misma, «hubiera sido un niño terriblemente feo, pero como cerdito me parece precioso». Y empezó a pensar en otros niños que ella conocía y a los que les sentaría muy bien convertirse en cerditos.


Esta es una de las cosas mágicas que le van sucediendo a Alicia (y a todos los que nos fijamos intensamente en nuestro entorno con los ojos bien abiertos) ¿Un bebé feo que a la vez es un cerdito precioso y que puesto en el suelo trota así de bien? Cuestión de observar detenidamente.

¿A ti se te ocurren, también, cosas tan normalitas como éstas?

 Cuando digo normalitas tú ya me entiendes, ¿eh?: un bebé feo que es un cerdito precioso y que trota muy bien. Como si yo te dijese que me siento muy gordito cuando no me miro al espejo porque me gusta trepar por las pistas de baile. Son cosas muy normalitas.  Jajaja.

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33 Las rimas de La Duquesa

¿Ya sabes lo que es una poesía?
-Sí, ¿Por qué me lo decía?

Por lo menos sabemos que las poesías tienen que sonar bien. Algo en ellas se ha de repetir y así conseguimos que nos suene a “musica celestial”. Fíjate La Duquesa, para vengarse dice:

 

“Que le corten la cabeza”

Si lanza una cuchara diría:
-que le corten la cara-

Y si le lanza un perol:
- que la tiendan al sol.

A ver qué se te ocurre. Pero que suene bien, con música, que tenga rima.  (¿usas un rimador?)

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